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La Autonomía del Paciente como principio de la Bioética

Recordando los principios básicos de la Bioética,  los cuatro definidos por Beauchamp y Childress , son: Autonomía, Beneficencia, No Maleficencia y Justicia.

Veamos uno de ellos, en mi modesta opinión, el mas importante si tuviéramos que dar un orden  jerárquico y es el principio de AUTONOMÍA DEL PACIENTE.

El respeto a la Autonomía del Paciente es uno de los principios fundamentales en los que se basa la ética biomédica. El Principio de Autonomía tiene en cuenta la libertad y responsabilidad del paciente, que decide lo que es bueno para él, aunque ello no sea compartido por el médico.

En España queda regulado en Principio de Autonomía en la Ley 41/ 2002 de Autonomía del Paciente. Sin duda, aunque con matices, un sustancial avance en los Derechos Individuales del Paciente.  Se trata de el más moderno de los principios de la bioética, ya que surge como consecuencia de un concepto de ser humano que implica la idea de libertad personal. Boecio (siglo V) define, por primera vez, a la persona como sujeto independiente del grupo social. Hasta ese momento no se concebía la posibilidad de que una persona actuara según expectativas diferentes a las de la familia y/o el estrato social al que pertenecía.

El Principio de Autonomía exige el respeto a la capacidad  de DECIDIR de las personas, y el derecho a que se respete su voluntad, en aquellas cuestiones que se refieren a ellas mismas. Queda, sin embargo, muchas practicas clínicas basadas en el PATERNALISMO y que cada día  podemos ver en nuestro ejercicio profesional. Esas frases del tipo: “Usted déjemelo a mi criterio” o “Esto es lo mejor para usted”  se siguen utilizando de manera profusa y autoritaria en el entorno sanitario.

El paradigma básico de la Autonomía es el Consentimiento Informado. La Ley de Autonomía del Paciente establece la obligación de recabar el consentimiento libre y voluntario del paciente con carácter previo a cualquier tipo de intervención tras ofrecerle la información adecuada. Esta norma básica concreta las situaciones en que el consentimiento informado se prestará por escrito, así como las excepciones a dicho consentimiento. Esa información es imprescindible en todo acto medico; desde un simple vendaje, extracción de sangre, o vacunación hasta los actos mas complejos como un trasplante hepático.

La consideración de la salud como un valor cuya protección asume el Estado, hace que las personas acudan a los servicios sanitarios cuando consideren que los necesitan. Hasta donde debe llegar el Estado en la prestación de servicios sanitarios, es algo que no solo el usuario puede decidir; sino que el límite a lo que el quiera será impuesto por la Justicia Distributiva.

Parece pues que de los principios vistos anteriormente el Principio de la Autonomía puede entrar en conflicto  con el de la Justicia Distributiva.

Nuestro derecho a recibir la mejor asistencia queda limitado por la disponibilidad de recursos, y por la distribución que se haga de los mismos.

Este tema es muy interesante: ¿Hasta dónde, y en que casos debe ser limitada la Autonomía del usuario del Sistema Salud? Teniendo en cuenta que los recursos son limitados, los profesionales sanitarios tenemos la obligación de realizar la mejor distribución posible de los mismos. Así mismo los usuarios del sistema tienen la obligación de utilizarlos de forma responsable.

La Educación Sanitaria posibilita un ejercicio de la Autonomía responsable, lo cual repercute en una mejor Justicia Distributiva.

Os dejo un interesante y didáctico vídeo de Informe Semanal; Una narración, en primera persona, sobre como debe ser ese Principio de Autonomía del Paciente.

Espero vuestros comentarios.

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